Quidel Maihue

Para los despiertos, para quienes están despertando y para los que despertarán.

viernes, 24 de agosto de 2012



Para tiempos de crisis El Atleta Espiritual.

Vivimos un periodo crítico en que las crisis golpean fuertemente en todas las gestiones de la realidad humana, produciendo un estado de desconcierto, especialmente por los niveles de fragilidad en que se encuentran todos los sistemas que antaño se veían sólidos e incuestionables.
Hoy todo está desacreditado y fuertes críticas se vierten sobre los sistemas. Los organismos financieros, la banca, la política, la salud, la empresa, la educación, la sociedad en su conjunto y dentro de ella el ser humano está resquebrajándose.
En la mira de todo está el ser humano. Pero, debemos preguntarnos qué es lo que está en tela de juicio, qué acciones son las que ha llevado a las personas a este estado de cosas. Conductas egoístas, acciones torpes han ganado en forma desmedida un espacio en nuestra sociedad, sembrando la desconfianza, la incredulidad y los abusos desmedidos entre los ciudadanos. Estas características son propias del obeso espiritual, aquella persona que adquiere conocimientos, información y se harta de datos sin estar dispuesto a poner en práctica lo más mínimo y de sentido común.
Hemos perdido la fe en las personas y aparece la desconfianza de los unos contra los otros, anidando en nuestro medio los miedos, pánicos paralizantes y aislamientos que llevan a encerrarse a cada uno en sus propios sufrimientos y agonías. Hemos atrapado e instaurado el gobierno de la miedocracia en el que la descalificación de los unos a los otros generan una sociedad sombría que para un ser gregario significa una realidad catastrófica.
Revertir este triste panorama es propio de los seres que se ejercitan en los valores que han dado luz a la humanidad, tarea que puede ser abordada por el Atleta Espiritual. Este ser está emergiendo por una necesidad del destino, habita en el fondo del corazón noble que quiere ver surgir un mundo bello, justo, armónico, fraterno, solidario, amoroso, en paz, voluntarioso y tenaz. Un ser diligente que no puede seguir esperando más porque el tiempo se agotó. Sólo queda el espacio para caminar sin demoras en la senda única que hacen los seres sabios e incorruptibles, capaces de revivir lo mil veces enseñado por las grandes almas.
Sólo se necesita el primer paso para ponerse en marcha, sólo un acto de voluntad para sumar en esta monumental labor de desplazar al obeso desidioso y comenzar a formar parte de unas miríadas de almas capaces de levantar sus conciencias hacia las regiones de los nuevos paradigmas, para sentirse parte de un grupo de soñadores que podrán vivir en consecuencia con los más nobles propósitos humanos y divinos
El Atleta Espiritual o cómo despertar nuestro potencial


Las recomendaciones transmitidas en el libro El Atleta Espiritual constituyen una guía práctica que enseña cómo abordar y despertar todo el potencial interno a partir del sentido común, responsablemente, de manera generosa y de bien común que permitirá vivir una relación más bella, justa y feliz entre los seres humanos.

Por tanto, El Atleta Espiritual se transforma en una respuesta necesaria para el hacer cotidiano y trascendente ante las acciones de su contraparte, el obeso espiritual, que ha llegado a límites insostenibles. En los planos humanos, sociales y culturales, su estado de abandono se refleja en todos los niveles, dejando el campo libre para que ingresen en ellos ocupas que han generado desconcierto y putrefacción que se expresa en las múltiples acciones viciosas que vive la actual humanidad.

Sabemos que el obeso surge por consumir más de lo que está dispuesto a gastar, por esta condición de gula que aparece por un desequilibrio de la memoria traumática que lleva a almacenar más de lo que necesita debido a que arrastra una sensación miserable de pobreza que le hace sentirse carente. Es así que el obeso espiritual vive desde la carencia, pensando en la enorme cantidad de cosas que necesita sin percatarse que en su abundancia tiene de todo. El problema está en el tipo de abundancia en que se fija la conciencia. Así, a un individuo no le falta amor, le sobran sus odiosidades; no le falta constancia sino que le sobran sus distracciones; igualmente no carece de armonía sino que le sobran sus conflictos.

El Atleta Espiritual, a diferencia del obeso, sabe discernir, discriminar y desde esa capacidad tiene la facultad y el conocimiento necesario para encaminarse en una vía de abundancia, bienestar y fraternidad reconociendo que las grandes dificultades que vive la humanidad en la actualidad no pasan por el tema espiritual sino más bien es una ausencia y abandono del principio de humanidad. Por lo tanto, el problema es estrictamente humano. Ahí está el gran conflicto; en las relaciones humanas.